El Rubio versus Casariche: de ola a tsunami, la cara y la cruz del Covid en la provincia de Sevilla

05/10/2020

El Rubio versus Casariche: de ola a tsunami, la cara y la cruz del Covid en la provincia de Sevilla

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CORONAVIRUS EN SEVILLA. nOTICIA ABC

El Rubio versus Casariche: de ola a tsunami, la cara y la cruz del Covid en la provincia de Sevilla

Septiembre ha sido un mes marcado por muchas noticias, algunas de ellas estacionales como el regreso a las aulas de los estudiantes tras un verano «atípico». Otras han estado marcadas por la actualidad, que pasa irremediablemente por la pandemia del coronavirus.

Y metidas en un cóctel ambas, nos queda un mes de septiembre donde la propagación del Covid-19 en la provincia de Sevilla ha marcado no solo el arranque del curso escolar, sino todos los aspectos de la vida de los pueblos, dos de los cuales son los protagonistas de este reportaje: Casariche (5.456 habitantes) y El Rubio (3.408).

Unos treinta kilómetros separan a estos dos pequeñas localidades, gobernadas por alcaldes del mismo color, el PSOE, Basilio Carrión y Rafael de la Fe, respectivamente, y que se han visto, por motivos diferentes, en el centro de todos los telediarios nacionales durante este tiempo a cuenta del coronavirus.

Casariche ha sido el primer pueblo andaluz en ser confinado por segunda vez. Y lo fue el pasado martes después de que el 4,5% de la población estuviera contagiada, unos datos que situaron a esta bella localidad de la Sierra Sur a con una medida especial por parte de las autoridades sanitarias.

Pero, ¿por qué tan alta y rápida incidencia? Detrás, «todos los medios lo habéis dicho ya» —dice Carmen Estepa, la frutera del pueblo— «las tres bodas y las comuniones fueron determinantes» para la propagación del virus. Se refiere a una serie de actos sociales en los que el Covid corrió como la pólvora.

Así, el 1 de septiembre había un caso de contagio tras las últimas dos semanas en el pueblo, y esa cifra fue aumentando progresivamente a partir del día 7, cuando en ese mismo periodo ya había siete vecinos infectados. Una semana después, fueron 14... y así hasta alcanzar 152 el día 23 (siempre tomando como referencia los últimos siete días), incluido el alcalde y parte de su equipo de gobierno.

Las quejas públicas del regidor que pedía que la Junta interviniera restringiendo la movilidad no llegaron hasta dos semanas después. «Llegan tarde las medidas, se podía haber evitado si nos hubieran hecho caso antes», repetía Basilio Carrión.

«Lo que ha pasado es que ha habido un poco de relajación este verano. Este confinamiento sobraba porque el pueblo llevaba ya encerrado quince días antes por su cuenta. Nosotros hemos permanecido abiertos al ser un negocio de primera necesidad, si bien nos hemos tenido que adaptar a ello», comenta Carmen Estepa, quien asegura «que durante el autoconfinamiento éramos nosotros los que llevábamos los pedidos a las casas. Había mucho miedo y respeto y la gente no salía. Nos pedían los mandados por Whatsapp y se los dejábamos en la puerta de sus casas. Incluso nos pagaban por Bizum. Una señora mayor al que le llevamos la compra nos pasó por debajo de la puerta un billete para pagarnos porque quería evitar el contacto y le dejamos la vuelta allí», explica mientras atiende en la Frutrería Mari, donde trabaja junto con su marido José Julián, a tres clientes.

«La primera ola no nos afectó, no hubo contagios. Parecía que aquí no iba a llegar y mira ahora... la gente se relajó un poco en verano. Ahora los vecinos se protegen más; antes casi todo valía. Hay mucho respeto, miedo e incertidumbre ahora», comenta Lucía López, la farmacéutica de Casariche.

Leonardo Gil regenta el súper Mercamelero, asociado a Covirán, y quiere dejar claro «que aquí nadie tiene la culpa. Somos un pueblo precioso, con una feria espectacular y un gran atractivo turístico y me da coraje que nos comparen con los pueblos de Madrid», pero recuerda que lo que está pasando «es triste y penoso» al mismo tiempo Gil, que fue uno de los vecinos que se contagió dice que «no todo fue por las bodas; mira yo, yo no fui y acabé con el coronavirus. No encuentro explicación aún. Poco a poco me voy recuperando, a veces tengo un poco de dolor de cabeza pero voy bien». Durante el autoconfinamiento, su comercio abría de 8.30 a 13.30 y ahora con el confinamiento abre además de 17 a 20.30 horas. «Tuve que cerrar dos días porque desinfectamos el local a raíz de mi positivo, incluso les hicimos las pruebas PCR a todos mis empleados y dieron negativo».

 

Seguridad en el colegio de El Rubio

A una media hora en coche de Casariche se sitúa El Rubio, un pequeño municipio también serrano que ha sido el foco mediático durante los meses de agosto y septiembre. Y quizás también en mayo. Vamos por partes.

El 22 de septiembre se dieron a conocer los dos primeros contagios de esta segunda ola, si bien el total de casos ha sido casi residual comparado con Casariche. Este pequeño pueblo fue el primero de España que realizó por su cuenta test masivos a su población en el mes de mayo, cuando la primera ola fue perdiendo fuerza poco a poco, algo que volvió a repetir en el mes de agosto, justo cuando volvió a protagonizar los medios nacionales a raíz de una noticia publicada en ABC.

Todos los alumnos del colegio, unos 250, iban a tenermamparas en cada pupitre. Fue la primera barrera que puso el alcalde de cara al inicio escolar, pero no la última, puesto que el colegio Carmen Borrego fue también el pionero en usar los rayos ultravioleta para acabar con cualquier virus, como también adelantó este medio. Estas medidas de protección han hecho que los colegiales sean «los más seguros de España».

«Ahora mismo estamos como en julio», comenta José Manuel Montero, jefe de la Policía Local rubeña, quien continúa explicando que «ahora hemos cerrado parques y mercadillos. Esta segunda ola no la estamos notando aquí, si bien hay cuatro personas contagiadas. Quitando la calle principal del pueblo por las mañanas, donde hay algo más de actividad, aquí las distancias se cumplen sobradamente porque somos un pueblo muy extenso y poco poblado».

Mari Carmen es la lotera de El Rubio y desde su administración, «Los pájaros de la suerte», dice que «muchas personas mayores aún no se atreven a salir de sus casas, poco a poco están saliendo. Yo les he puesto una silla a la entrada para que se sienten mientras esperan a ser despachados. Hemos perdido muchas ventas en el primer confinamiento y en verano hemos notado menos gente en el pueblo. Cuando en mayo pudieron abrir las administraciones, «la gente mandaba a los más jóvenes a comprar la lotería».

En la carnicería Gallina, Juan Manuel, tercera generación, atiende a su clientela. «Antes había más miedo y la gente quería salir, ahora la gente no está tan asustada». Es algo que comparte Rafael Paéz, carpintero de Páez Music: «Ahora tenemos más ventas porque la gente está aprovechando para hacer pequeñas reformas no vaya a ser que nos vuelvan a confinar otra vez».

A Silvia Prieto la conocen como la chuerra del pueblo, que reabrió su cafetería el 15 de junio y asegura que «ahora la gente no sale tanto como antes de la pandemia. Los mayores están asustados y han dejado de salir como antes. Las ventas se van recuperando poco a poco». ABC